“Las pinturas de Leto tienen una tendencia a provocar dificultades al espectador. Tiene cierta repulsión obscena y atracción por los horrores de la cultura de consumo, la política, la ultra-violencia de los medios de comunicación, etc.

Parece como si el artista estuviera haciendo una declaración de intenciones acerca del estado de la humanidad en el siglo XXI.

De todos modos, si situamos el trabajo de Leto en un contexto más amplio, toma una resonancia diferente. Su fascinación por los mass media y su sociedad del espectáculo se ha convertido en aparato teórico, incluso en readymade.

Parece como si su  estrategia  fuera  conectar  con  el  espectador  a base de cargar el lienzo con figuras de diferente accesibilidad, desde personajes de Disney a imágenes mediáticas de celebrities vistas en los periódicos, televisión y revistas – algo a lo que cualquier ser humano sobrecargado de información mediática ha estado expuesto.

Pero un examen más detallado revela que estas imágenes no tienen ningún deseo de construir significado. Lo que a Leto le interesa es desmantelar los códigos establecidos de la práctica pictórica. Sus estrategias se llevan a cabo en unos niveles más formales, bordeando una especie de conceptualismo de farsa que sin embargo aporrea las convenciones de la pintura hasta el punto del ridículo.

En resumen, Leto está interesado únicamente en pintar y aún así al final te provoca una mala conciencia”.

Manuel Ocampo

“Lo que pude ver no era pintura, sino la erupción histérica de hombres que, en vez de revólveres o bombas, habían cogido en sus manos los pinceles y los tubos de colores”

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